Nació sapo, pero jamás terminó de sentirse como uno.
Mientras los demás aceptaban
el estanque como destino,
él alzaba la mirada hacia el cielo.
Hubiese preferido volar.
Un día ascendió hasta lo más alto de la montaña,
donde podía observar a otros hacerlo.
Era bellísimo.
Pero la pregunta insistía:
¿por qué anhelar volar si había llegado al mundo como sapo?
¿Era realmente posible abandonar el estanque?
Una noche, cuando nadie lo observaba,
decidió saltar desde la cima de la montaña.
Pero cayó.
Entonces comprendió que solo existían dos caminos:
INSISTIR O ADAPTARSE
Tiempo después conoció a Poncho,
una tortuga voladora.
Y no pudo evitar preguntarle:
-si eres una tortuga, ¿cómo lograste volar, si tu perteneces al mar?
Poncho respondió:
-Podría haberme quedado en el mar,
porque eso era lo que se esperaba de mí.
Pero un día me pregunté:
¿prefiero vivir bajo las leyes de otros o ir en búsqueda de mi propia felicidad?
Así que salté y con el tiempo, volé.
Porque el límite, casi siempre, lo ponemos nosotros.
Fernando volvió al estanque, se hizo la misma pregunta y eligió adaptarse, ya que era más seguro.
Y muchas historias terminan así: en el estanque.
La nuestra NO.
Nosotros elegimos insistir.
Somos un grupo de inquietos que explora hasta dónde se puede llegar.
Y en la web que estamos construyendo detrás de esta landing page está el resultado: la huella de lo que creamos junto a quienes
también deciden insistir.
¿Y tú?
¿Te adaptas
o insistes?
¿Y tú? ¿Te adaptas o insistes?